Conozco a Lali desde los tiempos en los que estudiaba la carrera. Barcelona es cosmopolita y reune allí a gente de todos sitios para estudiar. Todos aportan sus manías y costumbres autóctonas y entre todos el crisol es genial. Por eso mismo tengo gente repartida en todos lados.
Con Lali aprendí a tomar orujo, a que me gusten los días nublados, a hacer tortilla de espaguettis, entre otras cosas.
Terminamos la carrera y cada una rumbeó.
Lali está en Santiago, y cuando ánuncié que nacería María me dijo: te voy a hacer una mantita.
La susodicha vino en la maleta de mis padres. Y la mantita es cuestión es una auténtica obra de arte, espectacular, que embellece mi habitación para la admiración de todos.
Aún no se la agradecí, no sé como verbalizar la sorpresa y el abrazo que siento de ella cuando veo la bella manta.
Excusa. Gracias Lali.

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